Faventia, núm. 44-45, 2022-2023

Isaías Arrayás Morales

Universitat Autònoma de Barcelona

 

Esta monografía, publicada por el prestigioso sello editorial Urgoiti, especializado en la publicación de obras de carácter historiográfico, y gestada en el marco del proyecto de investigación ANIHO (Antigüedad, nacionalismos e identidades complejas en la historiografía occidental: De la historiografía académica a la cultura de masas en Europa occidental y América Latina, 1870-2020), dirigido por el profesor Antonio Duplá, catedrático de Historia Antigua en la Universidad del País Vasco (UPV), viene a sumarse a la notable lista de obras que en los últimos años han aparecido sobre la historiografía de la Historia Antigua y que, poco a poco, están llenando el vacío bibliográfico que tradicionalmente ha existido sobre este complejo y fascinante campo de estudio, particularmente en el ámbito académico hispano. La monografía, que es una obra colectiva, editada por el profesor Duplá junto con otros dos jóvenes colaboradores, Christian Núñez (UPV) y Grégory Reimond (Casa de Velázquez), no deja de ser una prueba más del creciente interés existente en la actualidad por la reflexión historiográfica, también en lo relativo a los estudios sobre el mundo antiguo.

La monografía, tal y como se explicita en la útil y aclaradora nota introductoria que la inaugura (p. 5-14), pretende ser una obra de introducción a la historiografía sobre el mundo antiguo, particularmente grecorromano, es decir, «una obra de referencia que pueda proporcionar una información clara y sintética sobre una serie de hitos referenciales en la historiografía de la Historia Antigua» (p. 8), y que, además, pueda ser utilizada tanto por académicos como por estudiantes y por profanos en la disciplina histórica e historiográfica. Para lograr sus objetivos, la monografía procede a reunir, siguiendo un formato escueto y accesible, pero también riguroso y lleno de contenido, las biografías de dieciocho de los más insignes historiadores e historiadoras sobre el mundo antiguo grecorromano, entre finales del XVIII hasta prácticamente la actualidad, catorce hombres y cuatro mujeres.

Las biografías de los eminentes académicos y académicas que se incluyen en la monografía se organizan siguiendo un lógico y adecuado orden cronológico, que facilita la lectura y el uso de la obra, pues, en efecto, en palabras de los editores, es algo que «permite establecer una cadencia que puede enlazar a unos autores con otros y, por otra parte, permite integrarlos en el contexto más general, tanto histórico y político como propiamente historiográfico» (p. 10). Asimismo, hay que subrayar que, con buen criterio, cada una de las biografías presenta una estructura interna muy similar, a partir de unas pautas comunes, con lo que se consigue uniformizar las informaciones dadas sobre cada uno de los autores y autoras consideradas, y evitar discrepancias importantes entre los contenidos aportados por cada una, y más teniendo en cuenta que se trata de una obra colectiva, en la que, a parte de los tres editores del volumen, han colaborado otros quince especialistas. De esta manera, básicamente, con ligeras diferencias, pues los editores tampoco han querido limitar en demasía la iniciativa de los colaboradores, cada biografía proporciona al lector las siguientes informaciones en este orden lógico: a) los datos biográficos básicos de cada autor o autora; b) su carrera y bagaje académico; c) el contexto histórico que marca su pensamiento y más teniendo en cuenta que todos estos académicos y académicas se implicaron activamente en el escenario político y social de su época; d) los temas, las aportaciones y los problemas principales que plantea su producción científica; e) una valoración de su trascendencia en su campo concreto de estudio y en la disciplina histórica en general; f) y, por último, cada biografía se cierra con dos ajustados listados bibliográficos, realmente muy útiles y necesarios, uno con bibliografía seleccionada del autor o la autora en cuestión, y otro con bibliografía recomendada para profundizar en su figura y obra.

La selección de nombres, todos mayúsculos e imprescindibles, abanderados de las diferentes tendencias historiográficas que se han ido generando en época contemporánea (historicismo, liberalismo, prosopografía, fascismo, marxismo, etc.), no podía ser más acertada y creemos que, ciertamente, la monografía reúne todos los requisitos para lograr holgadamente su objetivo de proporcionar al lector un panorama general de la evolución de los estudios sobre Historia Antigua. Aun así, a pesar de la sesuda y justificada selección de los autores y autoras incluidas en la obra, los mismos editores del trabajo, en nota a pie de página, reconocen honradamente y de manera explícita la arbitrariedad de la selección realizada, así como la ausencia de académicos importantes, como sería el caso del influyente historiador alemán Eduard Meyer (1855-1930), al que los editores citan explícitamente (p. 9), o el de los también indispensables Barthold G. Niebuhr (1776-1831), fundamental en la consolidación del historicismo alemán, Nikolai Mashkin (1900-1950), importante historiador soviético, especialista en la Historia de Roma, particularmente en la figura de Augusto, los italianos Gaetano de Sanctis (1870-1957) y Emilio Gabba (1927-2013), referentes indiscutibles en los estudios sobre la Roma antigua, en particular sobre la República, o los helenistas franceses Louis Gernet (1882-1962), Claude Mossé (1924-2022) y Pierre Vidal-Naquet (1930-2006), por citar sólo unas cuantas personalidades que también merecerían figurar en la monografía. Asimismo, se observa un cierto predominio de los especialistas en la Historia de Roma, con ocho representantes frente a seis helenistas, tres de los cuales mujeres, mientras que los cuatro restantes habrían destacado en campos de estudio transversales. En cualquier caso, el trabajo de selección de los editores resulta encomiable y justificado, y lo cierto es que las personalidades que se acaban de citar más arriba, a pesar de no tener reservado un espacio propio en el libro, aparecen referidas, junto a otras tantas, en las biografías incluidas, revelando su importancia.

La monografía, que, en efecto, centra su atención en dieciocho de las más notables figuras de la Historia Antigua desde finales del XVIII hasta nuestros días, se inicia con una primera biografía, a cargo de Eleonora Dell’Elicine (Universidad de Buenos Aires) (p. 15-30), dedicada al británico Edward Gibbon (1737-1794), autor de la influyente History of the Decline and Fall of the Roman Empire, publicada en seis volúmenes entre 1776 y 1788, y considerada la primera obra moderna sobre Historia Antigua. El volumen se cierra con una última aproximación biográfica, escrita por Clelia Martínez Maza (Universidad de Málaga) (p. 365-84), sobre el historiador irlandés Peter Brown (1935-), consumado especialista en la obra de San Agustín de Hipona y, sobre todo, artífice de la definición y la consolidación de la exitosa noción de «Antigüedad Tardía» o «Tardoantigüedad». Brown es la única personalidad de las dieciocho consideradas en la monografía que aún vive.

Entre las biografías de estos dos historiadores, que acotan la cronología de la obra, se presentan de manera sucesiva, en estricto orden cronológico, las correspondientes aproximaciones biográficas a las figuras de la Historia Antigua que, a continuación, se recordarán brevemente. Así, tras la de Gibbon, que, con total acierto y lógica, abre el libro, se encuentra la dedicada a Georges Grote (1794-1871), a cargo de Laura Sancho (Universidad de Zaragoza) (p. 31-50). Este historiador también británico, aunque de ascendencia germana, marcó un hito en la disciplina con su monumental History of Greece en doce volúmenes (1846-1856), obra influenciada por la filosofía utilitarista y que, en palabras de la profesora Sancho, «reivindicó el sistema democrático ateniense como modelo en el que debían inspirarse las reformas necesarias en la política británica» (p. 31). Seguidamente, Gloria Mora (Universidad Autónoma de Madrid) (p. 51-71) aborda la figura y la trayectoria del alemán Johann Gustav Droysen (1808-1884), recordado sobre todo por ser autor de dos influyentes obras pioneras, su Geschichte Alexanders des Großen (1833; trad. castellana, Madrid 1946 y 2001) y, particularmente, su Geschichte des Hellenismus (1836-1843), en dos volúmenes, que supone el inicio de los estudios sobre el llamado período «helenístico», acotado entre la muerte de Alejandro Magno en el 323 a.C. y la de la última reina de Egipto, Cleopatra VII, en el 30 a.C. La siguiente nota biográfica, escrita por el profesor Duplá, impulsor de la monografía (p. 73-93), es la dedicada al también alemán Theodor Mommsen (1817-1903), «personalidad posiblemente irrepetible» (p. 90), autor de una exitosa Historia de Roma en cinco volúmenes (Römische Geschichte, 1854-1856), por la que incluso recibió el Premio Nobel de Literatura en 1902, y de su fundamental Derecho Público Romano, en tres volúmenes (Römisches Staatsrecht, 1871-1888), y que, además, fue el impulsor del proyecto del Corpus Inscriptionum Latinarum (CIL), «su primer gran proyecto, al que seguirán otros muchos» (p. 75). A continuación, Grégory Reimond, editor también de la monografía (p. 95-114), se aproxima a la figura del historiador francés Numa Denis Fustel de Coulanges (1830-1889), recordado «como hombre de un solo libro», su obra maestra La cité antique. Étude sur le culte, le droit, les institutions de la Grèce et de Rome (1864; trad. castellana, Barcelona 1984), que «rápidamente se convirtió en un clásico» (p. 103). En cualquier caso, Fustel de Coulanges destacó también por la importancia que dio al método histórico, «tanto en su enseñanza como en su producción científica» (p. 95), «basado en la lectura crítica de las fuentes» (p. 99), y por su labor al frente de la prestigiosa École Normale Supérieure (ENS).

Por su parte, Antonio Aguilera (Universitat de Barcelona), inaugurando la parte de la monografía dedicada a las personalidades que desarrollarían su actividad académica en el siglo XX, aborda la figurade Mijail Ivánovich Rostóvtzeff (1870-1952) (p. 137-59), prolífico historiador ruso, que, no obstante, se vio obligado al exilio en 1918, a raíz de la «Revolución de Octubre», primero en Inglaterra, después en los Estados Unidos, donde ocupó la cátedra de Historia Antigua y Arqueología de la Universidad de Yale desde 1925. Particularmente, Rostóvtzeff destaca por ser el autor de dos obras fundamentales para el desarrollo de los estudios sobre Historia Económica y Social del mundo grecorromano, The Social and Economic History of the Roman Empire (1926; trad. castellana, Madrid 1962) y The Social and Economic History of the Hellenistic World (1941; trad. castellana, Madrid 1967), dos obras que, en palabras del profesor Aguilera, constituyen «remarcables balances de los problemas económicos y sociales, y en particular de la documentación arqueológica y epigráfica», y en las que también se trata «ampliamente la política de los estados» (p. 154). Seguidamente, Ricardo del Molino (Universidad Externado de Colombia) (p. 161-78) dedica su nota biográfica a la figura y la trayectoria de Eric Robertson Dodds (1893-1979), controvertido profesor de griego en las universidades de Reading, Birmingham y, finalmente, Oxford, que, a lo largo de su carrera y, particularmente, en su obra más importante, The Greeks and the Irrational (1951; trad. castellana, Madrid 1999), viene a cuestionar la idea, aceptada por la investigación, del racionalismo de los antiguos griegos y reflexiona, a partir de una metodología interdisciplinar, sobre la presencia de lo irracional en la cultura griega, proporcionando, en efecto, una controvertida y «nueva visión del mundo mental griego alejado de la visión tradicional racionalista construida en el siglo XIX» (p. 168), que enlazará con la llamada «École de Paris» de estudios helénicos. A continuación, Christian Núñez (p. 179-99), otro de los editores de la monografía, se aproxima a la polémica figura del alemán Joseph Vogt (1895-1986), «una de las figuras más reputadas de la historiografía alemana del siglo XX», pero cuyo «insaciable afán de promoción social» le hizo contraer «afinidades oscuras que a menudo intentan minimizarse y/o justificarse» (p. 179). Vogt constituye el representante en el libro de la historiografía fascista o, mejor dicho, nacionalsocialista del período de entreguerras (1918-1945), ya que, en efecto, contribuyó de forma importante a las doctrinas raciales propias del III Reich, sobre todo con la edición del volumen colectivo Rom und Karthago (1943). En cualquier caso, Vogt logró proseguir su brillante carrera académica, centrada en el estudio de la Roma antigua, tras la debacle nazi y poner en marcha proyectos de la envergadura del Aufstieg und Niedergang der Römischen Welt (ANRW, 1972). Por su parte, Mikel Gago (UPV) (p. 201-21) dedica su nota biográfica al británico, de origen neozelandés, sir Ronald Syme (1903-1989), el insigne Camden Professor de Oxford, personalidad emblemática de los estudios prosopográficos sobre la Roma republicana e imperial, ya iniciados en la historiografía alemana, y autor de numerosas obras impotantes. Entre ellas, no obstante, sobresaldría su influyente y también polémica The Roman Revolution (1939; trad. castellana, Madrid 1989), en la que, cómo no, a través del método prosopográfico, centrado en el estudio de las clases dirigentes de la Roma tardorrepublicana, se aproxima al gobierno del emperador Augusto, del que ofrece una visión ciertamente negativa, que rompía con la aceptada hasta el momento, y lo viene a retratar «como un líder faccioso sin escrúpulos, aventurero, caudillo revolucionario, militar demagogo, déspota, terrorista» (p. 209). Arnaldo Dante Momigliano (1908-1987) es objeto de la siguiente nota bibliográfica, a cargo de César Sierra (Universitat de València) (p. 223-39). Este ecléctico y polémico historiador italiano tuvo que abandonar su país en 1939 a causa de su origen judío y exiliarse en Inglaterra, donde pasó por las universidades de Oxford y de Bristol, y el University College de Londres. Momigliano destaca por ser autor de muy diversas obras entre las que sobresaldría su Filippo il Macedone (1936), que aborda «las estructuras políticas del mundo antiguo en relación con la problemática de la unidad nacional» (p. 226), además de una ingente producción de carácter historiográfico, particularmente a partir de la publicación de recesiones que le hicieron protagonizar acalorados debates con muchos de sus colegas. Estos trabajos de Momigliano han quedado recogidos en sus monumentales Contributi alla storia degli studi classici e del mondo antico, que se componen de un total de diez volúmenes publicados entre 1955 y 1992, los dos últimos a título póstumo, con el autor ya fallecido. Seguidamente, Ricardo Martínez Lacy (Universidad Nacional Autónoma de México) (p. 241-61) se aproxima a la figura de Moses I. Finley (1912-1986), clave en los estudios sobre sociedad y economía antiguas. Tal y como se recuerda, la vinculación de Finley con el partido comunista hizo que tuviera que dejar los Estados Unidos para instalarse en Inglaterra en 1954, en la Universidad de Cambridge. Fue autor de numerosas y exitosas obras en las que, según el profesor Martínez Lacy, que se doctoró con Finley en Cambridge, el «objetivo era caracterizar el fenómeno o el proceso estudiado» (p. 245), entre las que destacarían The World of Odysseus (1954; trad. castellana, México 1961) y sobre todo The Ancient Economy (1973; trad. castellana, México 1975), «sin duda, su obra más importante», fruto de las conferencias que impartió en Berkeley unos años antes, en la que propone utilizar el concepto de «status», en lugar del de «clase», «para clasificar los distintos grupos sociales» en las sociedades antiguas, «precapitalistas», en las que es «la ley la que confiere un status a cada individuo» (p. 248). El historiador italiano Santo Mazzarino (1916-1987) es objeto de atención de la nota bibliográfica escrita por Jordi Cortadella (Universitat Autònoma de Barcelona) (p. 263-83). Mazzarino, que alcanzó la prestigiosa cátedra de Historia romana de la Università de La Sapienza (Roma) en 1963, se interesó particularmente por la época tardoantigua con obras como Stilicone. La crisi imperiale dopo Teodosio (1942), La fine del mondo antico (1959) o la recopilación de ensayos, en dos volúmenes, Antico, tardoantico ed era costantiniana (1974-1980), aunque también abordó el estudio de la Roma republicana y su expansión militar, o la reflexión sobre la historiografía griega y romana antigua, que dio lugar a su excepcional obra Il pensiero storico classico (1965-1966), en tres volúmenes, con la que «pretendía condensar su visión general del mundo antiguo» (p. 269), entre otros grandes temas de la Historia Antigua. Por su parte, Carlos García Mac Gaw (Universidad Nacional de La Plata-Universidad de Buenos Aires) (p. 303-22) se aproxima a continuación a la figura del británico Geoffrey E.M. de Ste. Croix (1910-2000), historiador marxista cuya principal obra fue, sin duda, The Class Struggle in the Ancient Greek World. From the Archaic Age to the Arab Conquests (1981; trad. castellana, Barcelona 1988), que «destaca por su trascendencia, sostenida firmemente en la tradición marxista británica sobre el campo de la historia» y que, según continúa diciendo el profesor García Mac Gaw, «tiene como expreso objeto de análisis explicar y ejemplificar el valor de la teoría de Marx en relación con el mundo antiguo» (p. 310).

Cabe remarcar de manera particular que en la monografía se ha tenido muy presente la necesaria perspectiva de género. Así junto a los catorce importantes historiadores citados más arriba, se incluye también el nombre de cuatro mujeres cuya actividad investigadora y resultados también marcaron un hito en sus campos de estudio y en la evolución general de la Historia Antigua. De esta manera, Rosa María Cid (Universidad de Oviedo) (p. 115-36) dedica una nota biográfica a la figura, algo olvidada, de la helenista inglesa Jane Ellen Harrison (1850-1928), que vivió a caballo del siglo XIX y XX, y que, por tanto, en la monografía aparece entre las biografías dedicadas a Fustel de Coulanges y a Rostóvtzeff. Harrison tuvo el mérito de destacar en el campo de la religión griega en el rígido y elitista ambiente académico de la Inglaterra victoriana, un ambiente «eminentemente masculino y, en general, receloso ante la presencia de mujeres cultas» (p. 115), lo que limitó su proyección como investigadora y le impidió desarrollar una carrera académica vinculada a una gran universidad. Más adelante, siguiendo a la nota biográfica dedicada a Mazzarino, que, según afirma el profesor Cortadella «no fue un marxista ortodoxo, e incluso no se le puede considerar un marxista en sentido estricto» (p. 268), y precediendo a la del marxista británico G.E.M. de Ste. Croix, Mariano J. Requena (Universidad de Buenos Aires) (p. 285-302) se aproxima a la personalidad de la soviética Elena M. Staerman (1914-1991), emblemática historiadora de la escuela marxista, que trabajó particularmente sobre la esclavitud en el mundo romano, siendo artífice de obras importantes como La esclavitud en la Italia imperial (original en ruso, Moscú 1971; trad. castellana Madrid 1979), que publicó junto con su colega Marianna K. Trofimova. Siguiendo al texto dedicado a Ste. Croix, Julián Gallego (Universidad de Buenos Aires) (p. 323-41) aborda la figura de la helenista francesa Jacqueline de Romilly (1913-2010), influyente y prolífica autora de estudios principalmente centrados en la época clásica griega y en el desarrollo de la democracia en Atenas, momento del llamado, no sin polémica, «milagro griego», y, por supuesto, en la obra de Tucídides. Inmediatamente después de la nota biográfica dedicada a Romilly, Ana Iriarte (UPV) (p. 343-64) se aproxima, en la que sería la penúltima biografía de la monografía, a la también helenista francesa Nicole Loraux (1943-2003), otra personalidad imprescindible en los estudios sobre el mundo griego, sobre todo centrados nuevamente en la Atenas democrática, así como en las cuestiones de género en el marco de la polis ateniense, y que, a pesar de su prematura muerte, sería un integrante sobresaliente de la llamada «École de Paris», que se organizó en torno a Jean-Pierre Vernant (1917-2007).

A través de la biografía de estas cuatro destacadas historiadoras, la monografía viene a reivindicar justamente la presencia y la significación de las mujeres en los estudios sobre Historia Antigua en los siglos XIX y XX, a pesar de las importantes dificultades y limitaciones que les suponía su condición femenina en los estrictos y masculinizados ambientes académicos en los que les tocó vivir. Queda claro que, se mire por donde se mire, la presente monografía se trata de una obra muy reflexionada y muy bien concebida, intachable en su planteamiento.

Por otro lado, cabe remarcar que la monografía presenta una excelente factura a nivel formal, a pesar de que las imágenes, perfectamente integradas en el texto, sean en blanco y negro. De manera particular, cabe destacar la cuidada redacción del libro en general, algo que facilita y que hace realmente grata y comprensible la lectura, y, en este sentido, sorprende la uniformidad observable, a pesar de tratarse de un volumen colectivo, obra de muy diversas manos. Esto sin duda denota el gran trabajo realizado por los editores a la hora de tratar los diferentes textos que componen el libro.

Respecto a los diversos colaboradores en la monografía, un total de dieciocho, su trayectoria investigadora es brevemente recordada en un anexo final, que sigue a una útil y selecta bibliografía general, en la que se recogen obras sobre historiografía de la Historia Antigua, la Arqueología y la tradición y recepción clásicas, que no han sido citadas ni en la nota introductoria ni en las diferentes biografías. La trayectoria de los colaboradores en esta obra colectiva denota la interesante participación de especialistas consumados en la materia, con amplia experiencia y renombre, junto a investigadores más jóvenes que auguran un prometedor relevo generacional en lo que concierne a los estudios historiográficos sobre la Historia Antigua. Asimismo, cabe destacar la participación de diversos investigadores hispanoamericanos, particularmente de Argentina, México y Colombia, algo que evidencia el gran desarrollo de los estudios historiográficos sobre el mundo antiguo en el ámbito académico hispanoamericano en los últimos años, así como la colaboración de éstos en el marco del proyecto ANIHO.

En definitiva, nos encontramos ante una obra de carácter introductorio, apta tanto para académicos como para el gran público, que, en cualquier caso, resulta ciertamente útil e interesante, y que logra con creces el objetivo de proporcionar al lector, tanto especializado como profano en la materia, una agradable y a la vez rigurosa aproximación a la evolución de la historiografía de la Historia Antigua en época contemporánea. Esto la convierte en un trabajo muy recomendable y que, además, viene a completar el vacío de trabajos de este tipo aún existente, particularmente en el ámbito académico hispano.

 

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