Espacio, Tiempo y Forma. Hª Antigua, núm. 39, 2026

por Miguel Ángel Novillo López (UNED)

 

La monografía titulada Miradas a nuestra Antigüedad. De Isidoro de Sevilla al siglo XXI, escrita por Antonio Duplá, Catedrático de Historia Antigua en el Departamento de Estudios Clásicos de la Universidad del País Vasco e investigador principal del proyecto de investigación ANIHO (Antigüedad, nacionalismos e identidades complejas en la historiografía occidental), y Gloria Mora, Profesora Contratada Doctora en el Departamento de Historia Antigua de la Universidad Autónoma de Madrid, se inscribe con plena coherencia en el proceso de consolidación de los estudios de historiografía y recepción de la Antigüedad en el ámbito nacional de las últimas décadas. Ambos autores, muy reconocidos por sus aportaciones al estudio de la Historia Antigua y del papel cultural del pasado en la construcción de identidades históricas modernas, ofrecen en esta obra una síntesis completa y reflexiva sobre la evolución de las miradas dirigidas hacia la Antigüedad en la cultura española desde la época visigoda hasta el presente. El volumen, publicado por Urgoiti Editores, editorial caracterizada por su dedicación a la recuperación y análisis de textos fundamentales de la historiografía española, busca condensar en poco más de doscientas páginas un largo proceso intelectual en el que el mundo antiguo ha sido interpretado, apropiado y resignificado en función de los contextos culturales, políticos e ideológicos de cada época.

El libro propone, en esencia, un recorrido panorámico por lo que podría denominarse la historia de la Historia Antigua en España, entendida ésta en un sentido amplio que trasciende los límites estrictamente académicos para incluir diversas formas de recepción cultural del pasado. A lo largo de ocho capítulos organizados cronológicamente, los autores reconstruyen la evolución de los discursos sobre la Antigüedad desde las primeras interpretaciones medievales hasta las manifestaciones contemporáneas del interés por el mundo clásico. Este planteamiento permite observar cómo las imágenes del pasado han desempeñado un papel determinante en la articulación de narrativas históricas e identidades colectivas a lo largo de más de un milenio.

Los tres primeros capítulos (I. La imagen de Hispania en los orígenes de la historiografía: de Isidoro de Sevilla a Nebrija; II. La Historia Antigua de España en el Renacimiento; III. La historiografía ilustrada), elaborados por Gloria Mora, abordan de manera magistral la recepción de la Antigüedad en la época medieval, el Renacimiento y la Ilustración. El punto de partida lo constituye la figura de Isidoro de Sevilla y el contexto cultural visigodo en el que la Antigüedad clásica fue reinterpretada a través del prisma de la tradición cristiana y del legado intelectual tardoantiguo. En este marco los textos clásicos no desaparecieron, sino que fueron integrados en un sistema de conocimiento que los adoptó a las necesidades culturales y teológicas de la sociedad medieval. En este sentido, se muestra con claridad que la relación con la Antigüedad durante la Edad Media no puede entenderse solamente como una fase de transmisión pasiva del saber antiguo, sino como un proceso activo de reinterpretación y selección natural.

El análisis del Renacimiento permite observar un cambio revelador en esta relación con el pasado clásico. La recuperación humanista de las fuentes grecolatinas impulsó una nueva valoración del mundo antiguo como modelo cultural y moral, generando un renovado interés por la historia, la literatura y las instituciones de Grecia y Roma. Gloria Mora destaca el papel desempeñado por los eruditos humanistas en la recuperación de textos, inscripciones y monumentos antiguos, así como la influencia de estos estudios en la construcción de narrativas históricas sobre los orígenes de España. En este contexto la Antigüedad comenzó a adquirir una dimensión identitaria, ya que las referencias a la Hispania romana o a los pueblos prerromanos se integraron en los discursos sobre la historia nacional.

El capítulo dedicado a la Ilustración representa uno de los apartados más sólidos del volumen desde la perspectiva historiográfica, pues la autora examina el desarrollo de la erudición histórica en el siglo XVIII cuando el estudio de la Antigüedad se vio impulsado por el crecimiento de las instituciones académicas, las academias ilustradas y el interés por la crítica histórica. En este periodo se consolidaron prácticas de investigación fundamentadas en el análisis de fuentes, la recopilación de inscripciones y la sistematización del conocimiento histórico. En consecuencia, la Antigüedad comenzó a ser estudiada con criterios cada vez más rigurosos, si bien todavía estrechamente vinculados a proyectos culturales e ideológicos relacionados con la configuración de una historia nacional coherente.

Los siguientes capítulos (IV. La Historia Antigua a lo largo del siglo XIX; V. Renovación metodológica, institucionalización y profesionalización (1875- 1939); VI. Historia Antigua y franquismo; VII. Del nacimiento institucional de la Historia Antigua a la consolidación de la disciplina (1966-2000); VIII. La Historia Antigua en el siglo XXI), elaborados por Antonio Duplá, se centran en la evolución de la disciplina entre el siglo XIX y el presente. El siglo XIX se muestra como un periodo esencial para la instrumentalización de los estudios sobre la Antigüedad, en un contexto señalado por la consolidación de los Estados nacionales y por el desarrollo de nuevas disciplinas históricas y filológicas. La Antigüedad fue reinterpretada como parte de una narrativa histórica nacional en la que los pueblos antiguos de la península ibérica y la herencia cultural romana adquirieron una relevancia particular.

El examen del periodo comprendido entre finales del siglo XIX y la Guerra Civil permite cerciorarse de la creciente profesionalización de los estudios históricos y arqueológicos, así como de la progresiva integración de la historiografía española en los debates académicos internacionales. A la vez, se pone de relieve cómo las referencias a la Antigüedad continuaron desempeñando un papel importante en los discursos políticos e ideológicos del momento.

Resulta especialmente interesante el capítulo dedicado a la relación entre Historia Antigua y franquismo. En este capítulo Antonio Duplá examina cómo el régimen utilizó determinadas imágenes de la Antigüedad para legitimar sus propios discursos políticos e identitarios. En este sentido, la Antigüedad fue reinterpretada en función de una narrativa histórica que enfatizaba la continuidad entre el pasado imperial romano y la supuesta misión histórica de España. No obstante, se muestra que, incluso en este contexto ideológico, la investigación académica continuó desarrollándose y sentando las bases para la renovación historiográfica que tendría lugar en las décadas posteriores.

El estudio de la segunda mitad del siglo XX aborda el proceso de institucionalización definitiva de la Historia Antigua como disciplina académica en España. La creación de cátedras universitarias especializadas, el desarrollo de proyectos de investigación y la creciente participación de los investigadores españoles en redes académicas internacionales contribuyeron de manera relevante y significativa a consolidar el campo de estudio. Antonio Duplá subraya al respecto que este proceso estuvo acompañado por una renovación metodológica que añadió nuevas perspectivas procedentes de la historiografía europea y norteamericana.

El último capítulo se centra en el desarrollo creciente de los estudios de historiografía y recepción de la Antigüedad, un campo de estudio que ha experimentado un más que notable crecimiento desde finales del siglo XX. Los autores que han sido protagonistas directos de este proceso reflexionan sobre la expansión de estas líneas de investigación y sobre su importancia para comprender la relación entre Antigüedad y cultura contemporánea. En este sentido, se hace necesario no sólo analizar la historia de la Antigüedad, sino también las múltiples formas en que ese pasado ha sido reinterpretado a lo largo del tiempo.

Uno de los aspectos más positivos de la obra es su concepción amplia de la historiografía. Lejos de limitarse al análisis de textos académicos, los autores incluyen en su estudio diversas manifestaciones de la recepción de la Antigüedad, como la pintura histórica, las falsificaciones modernas o las representaciones contemporáneas del mundo antiguo en la cultura de masas. Esta perspectiva permite comprender la extraordinaria vitalidad del legado clásico y su capacidad para adaptarse a contextos culturales muy distintos.

Desde el punto de vista formal, la obra presenta un estilo claro y accesible que facilita su lectura sin obviar el rigor académico. La ausencia de aparato crítico y la inclusión de recomendaciones bibliográficas al final de cada capítulo responden a la voluntad de ofrecer una obra útil tanto para el público especializado en la materia como para los lectores interesados en una primera aproximación al tema. Igualmente, la presencia de numerosas ilustraciones enriquece notablemente el discurso y subraya la dimensión visual de muchas de las formas de recepción analizadas.

La estructura cronológica del volumen permite seguir con claridad la evolución de las miradas hacia la Antigüedad a lo largo del tiempo, si bien inevitablemente implica cierta simplificación de procesos históricos complejos. Empero, esta simplificación responde al carácter sintético de la obra, cuyo objetivo principal no es sino ofrecer una visión panorámica capaz de orientar al lector dentro de un campo de estudio amplio y diverso.

Es necesario poner de relieve la capacidad de la obra para integrar en un mismo relato fenómenos culturales muy diferentes, desde la erudición medieval hasta la cultura popular contemporánea. Esta amplitud temática constata una concepción dinámica de la relación entre pasado y presente, en la que la Antigüedad aparece como un repertorio simbólico constantemente reinterpretado.

Asimismo, la obra se beneficia de la larga trayectoria investigadora de sus autores, pues ambos han dedicado décadas al estudio de la historiografía antigua y de la recepción del mundo clásico, lo que les permite ofrecer una síntesis informada y crítica de los principales debates y líneas de investigación ofreciendo un marco interpretativo que facilita la comprensión y contextualización.

Esta obra destaca por su capacidad para articular una reflexión de largo alcance sobre la relación entre Historia Antigua e identidad cultural en España. Al mostrar cómo las interpretaciones de la Antigüedad han estado siempre condicionadas por las preocupaciones del presente, permite una comprensión más crítica de la historiografía como práctica intelectual.

En suma, la combinación de síntesis historiográfica, reflexión crítica y apertura hacia nuevas formas de recepción cultural convierte esta obra en una referencia imprescindible para comprender la evolución de las miradas hacia la Antigüedad en el ámbito nacional y, asimismo, el papel que la Antigüedad sigue desempeñando en la cultura contemporánea.

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