por Carlos Dardé
ANDRÉS BORREGO, UN TESTIGO DE EXCEPCIÓN
Urgoiti Editores recupera la visión del político y periodista sobre el sexenio democrático y la Restauración
La obra de Andrés Borrego, escrita en 1877, narra la historia de la revolución de 1868, la monarquía de Amadeo de Saboya, la I República y la restauración de la monarquía borbónica tras el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto, en 1874. Es decir, la historia de España desde la expulsión de Isabel II hasta la llegada al trono de su hijo, Alfonso XII.
El autor fue testigo y, en algunos casos, actor secundario de los acontecimientos. En general, las ideas fundamentales de esta historia coinciden con lo que es generalmente aceptado: “las aberraciones de los gobiernos reaccionarios” hicieron inevitable la Revolución de 1868; “la ruptura de la coalición” de los partidos que llevaron a cabo aquella, arruinó la monarquía de Amadeo I de Saboya; las “indeclinables consecuencias” de la predicación del federalismo en un pueblo sin educación política ni costumbres cívicas, y los inconvenientes de que la restauración fuera consecuencia del pronunciamiento de Sagunto.
No obstante, esta historia destaca algún episodio que suele ser malinterpretado. Por ejemplo, la negativa de Amadeo I, en junio de 1872, a conceder al jefe de Gobierno, el general Serrano, duque de la Torre, la suspensión de garantías constitucionales que este le solicitó. Suele interpretarse que el rey cumplió con su propósito de no imponerse al país, representado en las Cortes, pero en realidad –dice Borrego– “D. Amadeo, desconociendo o apartándose de las prácticas constitucionales que afectaba seguir con escrupulosidad, procedió lo más antiparlamentariamente que podía imaginarse”, oponiéndose a un Gobierno que contaba con la mayoría de unas Cortes recién elegidas. También resulta relevante la reproducción de la correspondencia que el autor mantuvo con Antonio Cánovas del Castillo en momentos previos a la restauración.
En su estudio preliminar, Ricardo Martín de la Guardia, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid, destaca acertadamente tanto el papel periodístico –“el primer gran periodista político español”, como escribió en su biografía, Concepción de Castro– como el político de Andrés Borrego –impulsor de la organización de los comités electorales, en 1838–. Según resume Martín de la Guardia, “el afán por moderar la vida política nacional” fue el empeño que Andrés Borrego perseguirá a lo largo de su vida.
Escribe Borrego que “he recibido de los partidos que fueron mis adversarios, deferencias y muestras de consideración que jamás obtuve del partido conservador al que he servido con inquebrantable consecuencia y lealtad durante el espacio de 57 años”. Aquello tenía que ver, en el momento en que se escribió (1877), con el repudio de Cánovas a Borrego, que Martín de la Guardia considera “el epítome de su fracaso” como político. El rechazo de Cánovas del Castillo –aun reconociendo la “fecunda laboriosidad” y los “dilatados servicios a la causa monárquico-constitucional”– quizá se explica por el apoyo y la defensa constante de Borrego al general Serrano, a quien Cánovas consideraba un “soldado de fortuna” que trataba de perpetuarse en el poder.
En definitiva, esta historia es el relato y análisis de un testigo cualificado de los acontecimientos, mientras que su estudio preliminar recupera a un personaje clave en el periodismo político y la organización de los partidos políticos en la España del siglo XIX como es Andrés Borrego.
