Gerión, núm. 24/2, 2006

Por Xosé-Lois Armada Pita.

La edición crítica de la Arqueología española de José Ramón Mélida Alinari, efectuada por Margarita Díaz-Andreu, forma parte de la colección “Historiadores” de la editorial Urgoiti. El objetivo de esta colección es contribuir al conocimiento de las principales figuras de la historiografía española a través de ediciones críticas de sus obras que incluyen extensos estudios introductorios.(1) En este caso, se ha utilizado para la reedición la primera edición en Labor (Barcelona, 1929), cotejándola con la segunda de 1936 en su primera reimpresión de 1942 (p. CLIII).

Desde un punto de vista formal, se trata de ediciones bien cuidadas y con una buena encuadernación. A nivel de contenidos, incluyen el citado estudio introductorio, la reedición de la obra escogida y un apartado más o menos amplio de índices (en este caso, aunque extrañamente se sitúe antes de las láminas de la obra reeditada, es muy completo [pp. 295-319], incluyendo índice onomástico; instituciones, exposiciones y congresos; revistas; e índice general). Una característica común a los estudios introductorios -me refiero a los cuatro ya publicados en el ámbito de la Arqueología y la Historia Antigua- es la ausencia de apoyo gráfico, entendiendo como tal fotografías, dibujos y otros documentos. Ignoro si es decisión editorial o criterio personal de los autores, pero en todo caso ello supone un contraste con respecto a otras corrientes de investigación que otorgan especial protagonismo a la documentación gráfica.(2) Estoy seguro que, en el curso de sus respectivos estudios, los investigadores se habrán encontrado con fotografías, dibujos, bocetos, etc. susceptibles de un mayor aprovechamiento o, al menos, de servir como complemento gráfico al texto. No obstante, en este caso particular, hay que decir que otros trabajos de la autora apuntan en la misma dirección (en Díaz-Andreu 2002 tampoco se incluye ninguna ilustración, si exceptuamos las seis fotografías que componen la portada).

El estudio introductorio, titulado “Mélida: génesis, pensamiento y obra de un maestro”, supone en realidad el análisis de toda una etapa de la arqueología española desde una perspectiva centralista, en la medida que el centro de la acción (instituciones, luchas de poder, etc.) se sitúa sobre todo en la capital. Desde el punto de vista metodológico, participa de lo que podríamos considerar una segunda fase de nuestra historiografía, que tiene como característica principal el uso de los archivos como fuente de información más relevante. No hay que olvidar que, hasta hace muy pocos años, la mayoría de los estudios historiográficos solían efectuarse casi exclusivamente sobre la base de obras publicadas, dando lugar por lo general a “historias de la investigación” de contenido descriptivo. Afortunadamente, el número de proyectos e iniciativas basados en la revisión de fondos documentales ha ido en aumento, lo que está generando un volumen importante de nuevos datos y perspectivas (Mora 2003-2005). Díaz-Andreu emplea desde hace años estas fuentes de información, aunque, en esta obra más que en otras anteriores, los documentos inéditos llegan a constituir la columna vertebral de su trabajo. Para ello, la autora ha investigado básicamente en el Archivo General de la Administración, el archivo del Museo Arqueológico Nacional y el Archivo de Clases Pasivas (p. XVII). Por el contrario, dos fondos documentales a los que se presta mucha menos atención son el archivo de la Comisión de Antigüedades de la Real Academia de la Historia, que tras un intenso proceso de estudio y publicación (Almagro-Gorbea y Maier 2003) se encuentra en la actualidad digitalizado y en la red3; y el archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, del cual también se han colgado en internet un inventario general y algunos índices.(4) Sé que esto responde a una decisión consciente y meditada de la autora, que en mi opinión debería haber aclarado en el texto.(5)

Hasta fechas muy recientes, Mélida y la arqueología española del cambio de siglo eran en buena medida un enigma. Entre los principales estudios previos, se contaban el catálogo de la exposición sobre la historia del Museo Arqueológico Nacional (Marcos Pous 1993), el libro de Peiró y Pasamar (1996) sobre la Escuela Superior de Diplomática, el de Elena Gómez-Moreno (1995) sobre su padre y un sucinto artículo sobre la figura de Mélida (Almela Boix 1991), además de los trabajos, entonces todavía en proceso, sobre la Real Academia de la Historia.

La autora no tiene reparo en señalar que cuando le propusieron escribir el trabajo “mi conocimiento de quién había sido Mélida casi se podría decir que era nulo” (p. XIII). Esta afirmación, que puede sonar a frivolidad, tiene como objetivo poner de manifiesto un tema que analiza minuciosamente en su estudio: el olvido posterior a que se vio sometido su figura debido al “clientelismo o sistema de cooptación, por el cual el acceso a la carrera universitaria (o a cualquiera de tipo burocrático) se regula por reglas conectadas con la fidelidad del candidato a los deseos del patrón y no necesariamente con la calidad investigadora y docente del mismo” (p. XV). Díaz-Andreu relativiza la extendida idea según la cual García y Bellido y Taracena fueron sus seguidores, para destacar la sorprendente ausencia de discípulos de tan eminente arqueólogo; relaciona esta circunstancia con las consecuencias de la creación en 1907 de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, que provocó una distinción muy clara entre los que estaban dentro de esta institución y los que se habían quedado fuera, caso de Mélida. El sistema clientelar se encuentra también en relación con el enorme peso de la nobleza en la organización estructural de la investigación y la gestión del patrimonio arqueológico. De hecho, la autora considera que es el inicio de la relación con el mundo aristocrático lo que probablemente abre a Mélida las puertas de la fama.

Estas directrices se exponen en el primer capítulo. Los tres capítulos siguientes trazan la trayectoria de Mélida, desde su infancia y etapa de formación hasta el final de sus días. El segundo y más breve (“Un Mélida llamado Pepito”) se centra básicamente en sus años de estudiante en la Escuela Superior de Diplomática (1873-75); es en este momento cuando establece contacto con Juan de Dios de la Rada y Delgado, una figura que la autora considera “clave en el desarrollo profesional de Mélida, puesto que se convertiría en su primer maestro y patrocinador” (p. XXV).

El capítulo tercero analiza el lento ascenso al poder; se inicia en su etapa como aspirante sin sueldo y abarca hasta los 45 años de Mélida, momento en el que “apenas acaba de conseguir la aceptación por parte de la élite cultural de la Restauración” (p. XXVII). El estudio resulta especialmente documentado, revelando sus diversos fracasos y sinsabores, así como algunos aspectos de su vida personal (situación económica, asuntos sentimentales, etc.). La autora explica que será Juan Catalina García López quien se adelantará a Mélida en muchos de sus éxitos, como por ejemplo la cátedra en la Escuela Superior de Diplomática, a la que se presenta Mélida pero que gana Catalina en 1885. Es interesante el análisis de sus aspiraciones como escritor y su búsqueda de ingresos adicionales, que sirve a Díaz-Andreu para concluir que la vocación arqueológica de Mélida fue sólo una de las opciones que de joven se planteó y que, si la protección de Rada y otras personalidades no hubiera sido efectiva, su vida profesional podría haber discurrido por derroteros bien distintos (p. XXXIX). Otros aspectos tratados aquí son su actividad como viajero y conferenciante o sus relaciones con otras instituciones del momento, como el Ateneo o la Institución Libre de Enseñanza.

El cuarto capítulo aborda la etapa en la que Mélida es ya aceptado en el selecto grupo de las élites intelectuales del momento, hecho que Díaz-Andreu sitúa a finales del s. XIX y en concreto a raíz de su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1899). Dos años después alcanza la dirección del Museo de Reproducciones Artísticas (1901-16) y más adelante pasa a ser miembro de la comisión de excavaciones de Numancia, de la Real Academia de la Historia (en 1906, anticuario en 1913), etc. En este ascenso influyen no sólo la protección de Rada y Delgado, sino también la relación de Mélida con otras personalidades del momento, como Antonio Vives.

Díaz-Andreu sospecha que tras la muerte de Catalina, en 1911, Mélida comienza a preparar su regreso al MAN, contexto en el que quizá puedan situarse su activa participación en la adquisición de la colección Vives para dicho museo o su asociación con la tertulia en el palacete de la calle Fortuny (lo que luego sería el Instituto Valencia de Don Juan). Sea como fuere, el 9 de marzo de 1916 se produce el traspaso de la dirección del MAN a Mélida, que ejerce hasta su jubilación voluntaria en 1930 (contando 73 años). Otros aspectos que se abordan pormenorizadamente en este capítulo son su papel en la gestión del patrimonio arqueológico, artístico y arquitectónico -con una especial atención al problema de la exportación ilegal de objetos y monumentos histórico-artísticos- o su cátedra en la Universidad de Madrid.

A la muerte de Catalina, el desdoblamiento de la cátedra que ocupaba permite la entrada en la universidad de Vives (Epigrafía y Numismática) y Mélida (Arqueología), ambos sin oposición y por la vía excepcional que preveía la ley. Las presuntas presiones de Tormo dan lugar a la creación de una tercera cátedra de Arqueología Árabe para Gómez-Moreno (1912), otro que se propone como posible enemigo de Mélida (pp. XCI-XCIII). Sería precisamente la actividad docente la que permitiría a Mélida apreciar con claridad la ausencia de manuales universitarios, lo que le lleva a publicar Arqueología Española (1929) y Arqueología Clásica (1933). Es aquí donde se analiza, también, la escasa huella de Mélida, relacionada con la pérdida de la memoria viva tras la muerte de sus discípulos y con su “no pertenencia al Centro de Estudios Históricos y la intuida creciente enemistad con Gómez-Moreno” (p. XCVI). La autora llega a ver esta institución como un escollo para el desarrollo de la arqueología en la universidad española de la época, ya que favorecería las investigaciones de un grupo de profesores madrileños unidos por lazos de amistad y clientelismo, mientras los restantes -en especial los de fuera de Madrid- trabajan en unas condiciones de gran penuria (p. CIV).

Los dos restantes capítulos se consagran a la teoría y práctica en el pensamiento y obra de Mélida (capítulo quinto) y a la obra Arqueología española y su impacto (capítulo sexto). Se propone el encuadre de Mélida en el positivismo, que se plasma sobre todo en su énfasis en la elaboración de catálogos (lo que sin duda debió verse favorecido por su vinculación a instituciones museísticas desde sus orígenes profesionales). Quizá esta adscripción sea un poco limitadora y no estaría mal que se intentasen ver sus relaciones con otras tendencias ideológicas y teóricas del momento (aunque hay también una mención a la influencia del nacionalismo en p. CXI). Se consideran además sus intereses temáticos (Egipto, arqueología ibérica, etc.) y su actividad como arqueólogo de campo (Numancia, Mérida, etc.), ámbito sobre el que sin duda sería bien recibida una exposición más extensa (técnicas de excavación, representación gráfica del registro, etc.; hay una breve referencia al tema de la estratigrafía en p. CXXV y otra breve digresión en el capítulo siguiente, pp. CXLVIIs). En este campo, el estudio se centra en los aspectos administrativos y financieros, destacando las fuertes sumas de dinero que recibió Mélida por parte de la JSEA, en parte comprensibles por su vinculación a dos yacimientos estrella como Numancia y Mérida. El capítulo sexto supone una breve pero certera disección de la obra reeditada (estructura temática, ilustraciones, autores citados, etc.) y de su influencia posterior, básicamente a través de citas y valoraciones emitidas por diversos arqueólogos.

El extenso estudio introductorio se cierra con la reproducción del programa de la asignatura “Concepto e historia del arte” presentado por Mélida a la oposición de cátedra en 1896 y con la bibliografía, dividiendo entre “Bibliografía citada” y la “Bibliografía (in)completa” de Mélida, que supone hasta la fecha el listado más exhaustivo y depurado de la obra de este autor, aunque Díaz-Andreu advierte todavía de la existencia de posibles lagunas y errores.

A lo largo de todo el estudio introductorio se insertan varias tablas y algún gráfico que son muy de agradecer por su potencial explicativo. Sin embargo, creo que se echa en falta una tabla-resumen cronológica (con los principales acontecimientos, puestos ocupados por Mélida, etc.) que guíe al lector entre la multitud de fechas, nombres y datos que continuamente se aportan.

Desde el punto de vista discursivo, es posible que en alguna ocasión la autora tenga una visión bastante optimista sobre las posibles lecturas de algunos hechos, afirmaciones o incluso palabras. Así, por ejemplo, la interpretación que se hace de una carta personal de Mélida a su hermano Enrique desde la perspectiva del pensamiento positivista del primero (pp. XXXIIs, n. 41) o considerar el uso del adjetivo “anterromano” en autores posteriores como un eco -probablemente inconsciente- de la obra de Mélida (p. CLI). Quizá otras lecturas alternativas serían igualmente viables.

En definitiva, el importante trabajo efectuado por M. Díaz-Andreu es un buen exponente de que se están aportando novedades muy significativas y de que la historiografía arqueológica española se encuentra en un excelente momento. Tienen algo que ver con esta circunstancia, desde luego, los esfuerzos que la autora viene invirtiendo en este campo de investigación desde hace quince años (Ruiz Zapatero 2002: 20).

En paralelo a la publicación de este libro se han ido concretando una serie de trabajos e iniciativas que, sin duda, arrojan y arrojarán nueva luz sobre la etapa que nos ocupa. Junto a la ya mencionada publicación del archivo documental de la Comisión de Antigüedades de la RAH (Almagro-Gorbea y Maier 2003), cabe aludir, principalmente, a la tesis doctoral de Daniel Casado sobre el propio Mélida, que esperamos ver pronto publicada6, así como a diferentes proyectos en curso o recién concluidos, cuyos resultados se encuentran pendientes de publicación: el proyecto dirigido por el Prof. Bendala Galán sobre las colecciones españolas conservadas en la Hispanic Society (7); los proyectos del Departamento de Prehistoria del CSIC sobre las colecciones del Instituto Valencia de Don Juan, que han implicado la revisión de una parte de los fondos documentales de esta institución8; o la participación española en el proyecto internacional Archives of European Archaeology (AREA), a cargo del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica, que lleva a cabo la digitalización y estudio del archivo Gómez-Moreno (Bellón et al. 2003-2005). Conviene tener en cuenta también la próxima publicación del diccionario histórico de la arqueología en España, iniciativa que vienen coordinando desde hace unos años la propia Díaz-Andreu, junto a J. Cortadella y G. Mora (Cortadella et al. 2000); o la publicación de trabajos más específicos, como el de Romero Recio (2005) acerca de la biblioteca de la Escuela Superior de Diplomática.

Con este estudio, Díaz-Andreu vuelve a hacer una sólida aportación a la historia de la arqueología española, un ámbito de investigación en el que es, por méritos propios, uno de los principales referentes hoy en día. Cabe esperar que su capacidad de trabajo y sus extensos conocimientos se plasmen en nuevos libros y artículos. No le faltarán lectores, a juzgar por el interés que despierta hoy día la historia de nuestra arqueología.

BIBLIOGRAFÍA

ALMAGRO-GORBEA, M. y MAIER ALLENDE, J. (eds.) (2003): 250 años de Arqueología y Patrimonio. Documentación sobre Arqueología y Patrimonio Histórico de la Real Academia de la Historia. Estudio general e índices. Madrid: Real Academia de la Historia.

ALMELA BOIX, M. A. (1991): “La aportación de José Ramón Mélida a la consolidación de la Arqueología como disciplina científica en España”, en J. Arce y R. Olmos (coords.): Historiografía de la Arqueología y de la Historia antigua en España (siglos XVIII-XX). Madrid: Ministerio de Cultura, pp. 131-134.

BELLÓN, J. P.; RUIZ, A. y SÁNCHEZ, A. (2003-2005): “El Archivo Gómez-Moreno y el proyecto AREA”, en V. Cabrera y M. Ayarzagüena (eds.): El nacimiento de la Prehistoria y de la Arqueología Científica. Archaia, 3-5, pp. 32-40.

CORTADELLA, J.; DÍAZ-ANDREU, M.; MAIER, J. y MORA, G. (2000): “Proyecto de un Diccionario Histórico de la Arqueología en España”, en J. de Alarcão et al. (eds.): História, teoria e prática da Arqueologia (Actas do 3º Congresso de Arqueologia Peninsular, vol. I). Porto: ADECAP, pp. 471-476.

DÍAZ-ANDREU, M. (2002): Historia de la Arqueología. Estudios. Madrid: Ediciones Clásicas.

GÓMEZ-MORENO, M. E. (1995): Manuel Gómez-Moreno Martínez. Madrid: Fundación Ramón Areces.

MARCOS POUS, A. (ed.) (1993): De Gabinete a Museo. Tres siglos de historia. Madrid: Museo Arqueológico Nacional.

MORA, G. (2003-2005): “La investigación en historiografía de la arqueología española: últimas tendencias”, en V. Cabrera y M. Ayarzagüena (eds.): El nacimiento de la Prehistoria y de la Arqueología Científica. Archaia, 3-5, pp. 13-17.

PEIRÓ MARTÍN, I. y PASAMAR ALZURIA, G. (1996): La Escuela Superior de Diplomática (los archiveros en la historiografía española contemporánea). Madrid: ANABAD.

ROMERO RECIO, M. (2005): “La Biblioteca de la Escuela Superior de Diplomática: la presencia de la Historia Antigua en la enseñanza española del siglo XIX a través de sus fondos”. Gerión, 23.1, pp. 345-370.
RUIZ ZAPATERO, G. (2002): “Prólogo” a M. Díaz-Andreu: Historia de la Arqueología. Estudios. Madrid: Ediciones Clásicas, pp. 15-24.

(1) El plan de la obra y los títulos publicados pueden verse en la web de la editorial [URL: http://www.urgoitieditores.com]. Se ha diseñado un plan de publicación de 41 títulos. En nuestro ámbito disciplinar, además del presente libro, han aparecido publicadas ediciones críticas de P. Bosch Gimpera (por J. Cortadella), A. Schulten (por F. Wulff) y S. Montero Díaz (por A. Duplá), estando anunciadas las de F. Fita (por J. Gómez Pantoja), H. Obermaier (por G. Mora) y M. Murguía (por R. Villares); la reedición de F. M. Tubino (por P. Anguera) corresponde a un ensayo de temática literaria, aunque obviamente el estudio introductorio puede interesar al lector de historiografía arqueológica. Esta iniciativa está recibiendo alabanzas en diversas reseñas y estados de la cuestión (p. ej. Mora 2003-2005: 15).

(2) Destacan, en este sentido, los proyectos sobre fotografía antigua de temática arqueológica dirigidos por el Prof. Juan Blánquez, de la Universidad Autónoma de Madrid.

(3) [URL: http://www.cervantesvirtual.com/portal/Antigua/arqueologia.shtml]. La opción de búsqueda devuelve 33 documentos con Mélida como autor y 154 referencias a Mélida en personas aludidas.

(4) [URL: http://portallengua.fsanmillan.org/portallengua/fcc/pdf/proyectolenguabasf.jsp?idacademia=2&titular=2].

(5) En aquel momento se encontraba en curso la tesis de D. Casado Rigalt, que estaba estudiando dicha documentación (Díaz-Andreu, comunicación personal).

(6) D. Casado Rigalt: José Ramón Mélida y la historiografía arqueológica en España entre 1875 y 1936. Tesis doctoral dirigida por el Prof. M. Almagro-Gorbea, Universidad Complutense de Madrid, año académico 2004. Resumen de su contenido y otros datos en la base de datos TESEO [URL: http://www.mcu.es/TESEO/index.html].

(7) Estudio de las colecciones arqueológicas procedentes de España conservadas en la Hispanic Society of America de Nueva York. Plan Nacional I+D+I 2003-2005, BHA2002-02306, con M. Bendala Galán como investigador principal y S. Celestino Pérez como coordinador. Un resumen de los objetivos del proyecto y otra información en la web del Instituto de Arqueología de Mérida [URL: http://www.iam.csic.es].

(8) Tecnología y valor en la orfebrería castreña de los museos de Madrid. Proyecto Comunidad de Madrid 06/0090/2000, dirigido por A. Perea; Metales prehistóricos en el Instituto Valencia de Don Juan. Proyecto Comunidad de Madrid 06/0112/2003, dirigido por I. Montero. Información disponible en la web del grupo de investigación “Historia de la Tecnología. Arqueometalurgia” del Departamento de Prehistoria del CSIC [URL: http://www.ih.csic.es/arqueometalurgia].

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