Andalucía en la Historia, núm. 42, 2013

Por JLT.
A pesar de que, desde 1492, el reino de Castilla, y poco después el resto de territorios peninsulares, se vieron libres de la presencia de los judíos (a diferencia de lo ocurrido en otros lugares de Europa), en el imaginario colectivo de los españoles se instalaron una serie de tópicos antijudíos que, quizás por la propia ausencia física de los interesados, excitaron la imaginación popular (que si tenían cola, olían con un hedor característico…), y desde luego se reflejaron en el propio lenguaje castellano, en términos cargados de intención peyorativa, como ladino, judiada, y otros muchos que aún hoy seguimos utilizando. Los judíos eran el pueblo deicida, maldito, castigado por Dios desde que la muerte del crucificado rasgara la cúpula del templo, como proclaman los evangelios.
Esta interpretación empezó a cuestionarse en el siglo de la Ilustración, cuando el padre Feijoo y otros adelantados levantaron su voz algo más serena y crítica sobre este tema. Pero habría que esperar a la llegada de José Amador de los Ríos (Baena, 1818 – Madrid, 1878), para que la historiografía española contara con una primera historia de los judíos españoles escrita con afán crítico (1848), que es la que Urgoiti Editores acaba de rescatar. Como todo primer trabajo, que se adentra cual explorador machete en mano por una selva casi virgen, la obra adolece de algunos errores (entre otros motivos por el defectuoso conocimiento que Amador tenía de la lengua hebrea) y, obviamente, a día de hoy hace mucho tiempo que ha sido superada, pero tiene el discreto encanto de lo primigenio, y la fuerza intelectual y expositiva de quien debe abrirse camino por una senda ignota.
Como reza el subtítulo de la obra, no se trata de una mera historia política del pasado medieval judío en España. Amador, pionero en tantas cosas, lo fue también en el estudio de nuestra historia literaria (publicó una afamadaHistoria crítica de la Literatura Española), y por ello lo literario estará muy presente también en el libro, señalando la notable influencia que los autores judíos tuvieron en la naciente literatura castellana (en especial en el siglo XV).
Como es norma en los libros de Urgoiti, no se trata de una mera reimpresión: el texto cuenta con un ambicioso estudio preliminar (de 170 pp.) a cargo del profesor israelí Nitai Shinan, especialista en la historiografía sobre los judíos españoles. En él presenta los antecedentes de este interés por el pasado judío español hasta llegar a la figura de Amador, su vida y obra, que analiza con detenimiento, y ofrece las claves para la lectura de este texto pionero sobre la historia de los judíos españoles. Culmina el libro con una exhaustiva recogida de la amplísima bibliografía de Amador, esencial para seguir trabajando sobre el ilustre historiador cordobés.

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